La intensidad de
las actividades aeróbicas puede controlarse por medio de la frecuencia
cardiaca. Se trata de contar las veces que el corazón bombea la sangre hacia el
resto del organismo en un tiempo determinado, y la medimos en pulsaciones por
minuto. Para contabilizar las pulsaciones se colocan los dedos índice y corazón
sobre la arteria carótida del cuello, la radial en la muñeca, o directamente en
la sien o sobre el corazón (ICM =220/edad).
Al inicio de
un programa o después de un periodo de
inactividad se recomienda que la frecuencia cardiaca se encuentre en la parte
inferior de la Zona de Actividad.
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